Antropología Psicológica 5
Anónimo Martes 3 de Junio del año 2008 / 17:57
 

Psiquiatría

Creo que nuestro impacto en la mayor parte de la psiquiatría ha sido bastante limitado a pesar de nuestro propio interés de larga data en cuestiones de la normalidad, patología y terapia. A la antropología se le da algún interés cuando el paciente es étnico o distante o cuando se informan a sí mimos como poseídos o embrujado. También se ve a la cultura como relevante para algunos síndromes exóticos o pintorescos. Leí un trabajo hace bastante tiempo atrás al que le di el título de "¿Por qué los demás tienen etnopsicosis mientras que nosotros tenemos la cosa auténtica?" En antropología nos suscribimos a un uniformitarianismo Lyelliano. Hablamos de la salud, las patologías o desordenes de seres enculturados y por lo tanto humanos. No nos hemos hecho escuchar en psiquiatría hasta que se entiende que algún desorden -en desarrollo o irruptivo y orgánico hasta donde se sepa- esta envuelto en causas o expresiones de la estructura enculturativa del individuo. Han existido estudios de la afasia del lenguaje en relación con los efectos de lesiones cerebrales en funciones diferenciales del lenguaje, pero esto no se extiende más allá del lenguaje, hacia el resto de la cultura que también esta representada y apoyada por el cerebro. ¿Hay allí afasia cultural? ¿Hay allí desordenes enculturativos? (Tenemos algunas indicaciones de Luria 1972, al respecto). Sin tener en cuenta la etiología, la estructura enculturativa siempre esta envuelta, tal como lo esta en apoyar los estados normales de funcionamiento. Deberíamos hablar, a lo mejor, de "etnormalidad" para comprender los efectos sostenedores de la cultura tal como la encontramos en el individuo desde su temprana adquisición hasta su posible atenuación o persistencia de apoyo con el envejecimiento. Sería iluminativo una línea de trabajo al individuo clínica/de vida, histórica/etnográfica. El individuo herido, enfermo, con malformaciones en desarrollo, estresado, conflictuado, inadecuado o interrumpido en su estructura, funciones o relaciones externas, extrae y se dirige a la cultura, en él mismo o en otros o externamente representados. Esa cultura es más o menos exitosamente deformada por el perjuicio y la voluntad; es reformada o reconstruida en una forma que puede aliviar el sufrimiento o elevar la aceptabilidad hacia él mismo o hacia otros.

Fuente: lapaginadelprofe.cl



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