LA ANTROPOLOGÍA DEL CONFLICTO 2
MÉTODOS DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN OTRAS CULTURAS
Disciplinas AfinesAntropología
Anónimo Martes 3 de Junio del año 2008 / 18:37

2. EL CONFLICTO COMO RESTAURADOR DEL ORDEN SOCIAL.

Quién más contribuyó al conocido argumento antropológico sobre el efecto restaurador y benéfico del orden, que aporta el conflicto a la vida social, fue Max Gluckman.  Este, en su libro La Costumbre y el Conflicto en África (1973), establece reiteradamente en su libro que los conflictos que surgen en el micronivel, entre los múltiples subsistemas que componen una sociedad, tales como grupos, familias, clanes, villas, instituciones, etc., al ser resueltos de acuerdo a las valorizaciones, costumbres y leyes de la sociedad, permiten que ésta reacomode periódicamente y en distintos niveles a las partes y elementos sociales que se sitúan en posiciones de roces o discrepancias antagónicas[2].  En otras palabras, Gluckman postula que la armonía y el equilibrio social dependen de una posición balanceada en las instituciones y el comportamiento social (Reay, 1976:194)

Para algunos, el conflicto es cualquier estado antagónico entre dos o más partes,  que surgen de intereses incompatibles (Hunter y Whitten, 1976).  Max Gluckman, usa la palabra conflicto para referirse solo a “conflictos entre principios de organización social ...sólo en ese contexto[3].  De manera que el término es reservado a discrepancias en los elementos principales del sistema social. Precisando, dice que conflicto se refiere a la relación entre discrepancias que establecen una cadena de procesos que producen alteraciones en el personal de la posición social, pero no produce alteraciones en el patrón o pauta de las posiciones mismas(Gluckman, 1977:109).  Además, este autor prefiere el término ya establecido de contradicciones para aquellas relaciones entre principios discrepantes en la estructura social que inevitablemente dirigen hacia cambios radicales en el patrón o pauta social.

Esta precisión en cuanto al término conflicto es muy útil y necesaria por cuanto suele hacérsele homólogo a varios otros conceptos ligados más a la idea de lucha abierta que a discrepancias en torno al orden que las partes desean establecer en su medioambiente.  Sin embargo el conflicto no solo es choque frontal, también puede ser un deseo no expresado que surge de oposiciones de intereses que se manifiestan en formas muy variadas, incluyendo a las actividades rituales.

La sociedd tribal o de pequeña escala es vista como una gran red de interacciones reguladas por costumbres y valores compartidos por toda la nación o grupo étnico. El surgimiento de conflictos de intereses dentro de esas redes es inevitable, pero Gluckman muestra cómo la necesidad de subsistir obliga a las partes en conflicto –a pesar de la amplitud de los grupos arrastrados en él—a aceptar tarde o temprano una forma de solución que se ajusta a las costumbres, valores y leyes compartidas por todos.  De esta forma la red de relaciones se mantiene estable y descargando las tensiones provocadas por los choques de intereses a través de los conflictos, sin peligro de que surja un estado tal de caos, provocado por los antagonismos múltiples, que la sociedad entera llegue a desintegrarse en un verdadero estado de “todos contra todos”.

Algunos de estos conflictos son expresados a través de rituales, especialmente cuando afectan a sectores o valores muy amplios de la sociedad, como veremos más adelante.

En el trabajo de Gluckman, los ejemplos para probar esta tesis se multiplican, tomados desde las distintas especialidades de la Antropología Social y Cultural: desde la antropología política, tanto de las sociedades sin jefes como de Reinados Divinos; desde la antropología de las relaciones de familia; la antropología de las creencias mágicas y la que estudia las prácticas ritualizadas, finalizando con la de separación entre razas.

Sin embargo, para este trabajo mostraremos sólo tres casos: Cómo las sociedades segmentadas mantienen la unidad con la colaboración del conflicto, los choques de intereses entre lealtades en los conflictos de autoridad y los ritos de reversa en que los elementos del conflicto son instituciones fundamentales.

2.1 La Paz de la Venganza

El ejemplo clásico lo presentan los Nuer del Alto Nilo, una sociedad tribal sin jefes o castas de mando político-administrativo sobre los demás miembros y en que, en apariencia, se daban todas las condiciones para carecer de orden o paz interna alguna, todos podrían atentar contra todos, puesto que nadie mandaba para imponer orden y respeto mutuo.

Reconociendo en la práctica el principio de no hagas a los demás lo que no quieres para ti mismo, las disputas y los conflictos que surgían en la sociedad era resueltos dentro de los mecanismo dispuestos por la cultura Nuer, los que se expresaban básicamente por mecanismos de venganza que se hacían efectivos a través de alianzas de familias y clanes, para la ofensa y para la defensa.  La ofensa hecha a una familia era retribuida en un autentico ojo por ojo, diente por diente.  Si una familia no se hallaba capaz de corarse satisfactoriamente de la ofensa que había recibido, podía recurrir a otras familias amigas o a su clan para la defensa.  Si la ofensa lo justificaba, podría llegarse a una guerra entre clanes.  Sin embargo, era la calidad y la cuantía de la ofensa la que determinaba la extensión de la sociedad en conflicto.  Asesinar a un jefe podría significar una guerra entre clanes, robar una vaca, un conflicto entre familias.  El caso es que siempre se llegaba a un punto en que la concordia pesaba más que los costos de una guerra fratricida que perturbaría el orden de la nación Nuer incorporando al conflicto a gentes y familias lejanas al punto de origen del mismo.  Des esta manera, un continuo proceso de conflictos Inter. Grupos que se resolvían, en la que también se destacaban las costumbres rituales (el intercambio de regalos y símbolos de amistad para asegurar la firmeza de las alianzas), permitían que se lubricaran las relaciones entre familias y clanes, manteniendo la integridad de la cultura total.

2.2. La Debilidad de la Autoridad

El caso del punto anterior se refiere a un tipo de sociedad de estructura simple, sin embargo el resultado suele ser el mismo en sociedades tribales más complejas, con instituciones administrativas y políticas verticales, con reyes poderosos y con su respectiva corte de jefes subalternos.

En el nivel de la estructura política, en que se administra el orden público y se ejerce el control tribal, según algunos autores, es posible encontrar dos sistemas de acción: un sistema administrativo en el que se toman decisiones, se protegen derechos y se establecen las obligaciones y un segundo sistema en el que compite por el poder tribal (Gluckman, 1965:165).

En esta estructura, los cargos del sistema administrativo tribal se convierten en premios de poder en la competición y hay lucha por privilegios de administración jurisdiccionales o el poder de tomar privilegios de los impuestos u otras granjerías.

Cada uno de estos niveles y estamentos son de por sí fuente s de conflictos constantes, en que los roces y choques pueden darse tanto entre instituciones de la sociedad política como en conflictos de un cargo específico; entre los intereses de la autoridad superior y al mismo tiempo, en contra de esa autoridad al representar los intereses de los miembros subordinados del clan o villa.  Este último es el caso de aquellos jefes tribales que por una parte debían guardar o velar por los intereses del rey, mientras por otro lado debían respetar y representar los intereses y deseos de su propia tribu, estableciéndose un difícil conflicto de roles en el nivel de una sola persona.

Por estar concentrada en seres humanos, la autoridad es frágil, porque los deberes ideales que acompañan al cargo de jefe de un grupo pequeño o grande a menudo son puestos en entredicho a causa de las debilidades humanas de quienes ocupan esos roles de jefatura.  Así es más probable qu4 cuando un líder muestra sus debilidades, sus subordinados puedan comenzar a cuestionar su autoridad.  Si surge el conflicto, éste puede dar lugar a una rebelión.  Gluckman, citando a Platón, nos recuerda que la característica de la rebelión es que lejos de destruir el orden establecido, trabaja de manera que incluso lo apoya”, (porque) “la rebelión ataca al personal en el cargo, no a los cargos mismos” (1965:28-46).

Basándose principalmente en material etnográfico de los Zulúes y los Borotse Gluckman toca una serie de conflictos que a su juicio existen en todo el sistema político.

Hay conflictos entre los intereses de distintos individuos dentro de un grupo y entre los intereses de los grupos menores dentro de una sociedad mayor.  Hay también conflictos entre la sociedad con sus leyes y los individuos y grupos que componen la sociedad[4].  Esos conflictos se enfocan en los líderes que tienen que aplicar la ley.  Sugiere también que de la resolución de las disputas u otras acciones de los líderes, surge la hostilidad en contra de la autoridad, la que es planteada en términos del conflicto entre los ideales del cargo y la fragilidad de la persona que ocupa ese cargo en cualquier momento.  Aquellos que no están satisfechos no se culpan a sí mismos ni a la situación de conflictos contrapuestos: ellos dicen que el líder es insatisfactorio” (1965:37).

En resumen, primero, las disputas surgen entre los hombres, porque tienen que vivir en sociedad. Segundo, cada sociedad tiene costumbres que establecen la forma que toman estas disputas. Y, tercero, hasta cierto punto, la costumbre también dirige y controla las disputas a través de conflictos de lealtad, fidelidad y devoción, de manera que, a pesar de la rebelión, el mismo sistema social es reestablecido sobre amplias áreas de la vida comunal y por largos períodos de tiempo” (Gluckman, 1965:47)

De manera que, de nuevo se cumple la tesis funcionalista que indica que la constelación de conflictos en el micro nivel es beneficiosa a largo plazo, porque reestableciendo el orden tradicional, mantiene viva y estable a la sociedad como un todo.

2.3. Rituales De Rebelión O Reversa

En tercer lugar, entre las formas de conflictos restauradores del orden social, tenemos el conflicto que se origina en los valores fundamentales de la cultura, es decir, que mantienen o dan forma a la estructura social.  Los conflictos que surgen en este nivel fundamental de la sociedad tribal son absorbidos y reconocidos ritualmente, a través de los ritos de rebelión o de reversa. En otras palabras, sona ctos rituales en que los actores simulan un conflicto o una rebelión y en que se ejecutan actos que en la vida cotidiana normalmente son rechazados y severamente castigados por la ley tribal o por tabúes ancestrales.

Dos ejemplos bastarán para ilustrar este caso.  En para ilustrar este caso.  En primer lugar, está el caso de la rebelión y rapto ritual del heredero del trono en el Reino Divino de los Shilluk, pueblo africano en que el Rey es símbolo de la unidad nacional.  Allí los príncipes herederos viven lejos de la capital tribal, en las aldeas de los parientes maternos; cuando uno de ellos hereda el trono de Nykang y con ello el espíritu ancestral que origina el reinado divino Shilluk, el príncipe debe viajar ceremonialmente desde su aldea natal hasta la capital en donde reinará a toda su nación.

Sale de la aldea como príncipe heredero, acompañado de sus amigos y parientes.  Durante el trayecto, guerreros de otras aldeas simulan dos ataques ritualizados a la comitiva y en donde el heredero es raptado, primero de su grupo de amigos y parientes, y después de sus primeros raptores, para finalmentye ser recibido como Rey y Nykang sagrado a la capital Shilluk, sin mediar otro tipo de ceremonia en su ascensión al trono que esos dos raptos rituales que duran un día completo y en los que, naturalmente, toman parte todos sus súbditos.  En este caso, el conflicto representado en el rapto ritual, institucionaliza el choque de intereses de diversas aldeas y de familiares aspirantes al trono divino y a su corte, a la que ingresan parientes y amigos del Rey, pero a la que puede llegar un solo individuo con sus amigos, en representación de una sola aldea.  En este caso, el conflicto se da al nivel de las redes de relaciones entre aldeas en igualdad de derechos como aspiraciones al trono, y en donde hay que aceptar que solo una aldea o grupo puede llegar al trono, de manera que las aspiraciones al trono crearían trizaduras entre los grupos al interior de la nación Shilluk.  Esta situación es hecha social y culturalmente aceptable por el ritual de ataques y raptos simultáneos con que el Rey es instalado en su trono.

El segundo ejemplo de conflicto básico lo presenta la oposición entre los intereses de hombres y mujeres en los sistemas de relaciones de parientes en ciertas sociedades africanas.

En varias de estas sociedades, como los Zulúes en el siglo pasado, los Tembu y otras naciones del Sur de África, hay días de ceremonia en que las mujeres y jovencitas so comportan como si fueran hombres, lucen vestimentas y armas masculinas y se expresan rudamente como los hombres.  Las mujeres Tsonga incluso cantan canciones obscenas y maltratan a cualquier hombre que se les acerque.

Estos rituales son expresados como ceremonias propiciatorias para la agricultura y en ceremonias matrimoniales de los zulúes; para liberarse de pestes y enfermedades en los Tsonga, o en ceremonias Ndembu, para celebrar la llegada de la pubertad de las jóvenes, para propiciar su fertilidad y salud.  En general, se les considera como una bendición para la comunidad por las muchas buenas cosas que podría traer.  Lo destacable es que en estas sociedades la mujer suele ocupar una posición bastante subordinada frente a los hombres.

Estos ritos de reversa muestran la forma en que la sociedad tribal busca alivio o escapa el fenómeno de la inconsistencia que se produce entre la posición privilegiada de los hombres, quienes son los portadores, dueños o autoridades de todo lo que resulte socialmente importante en las aldeas, pero donde las mujeres –el sector social más subordinado— son las que tienen la importantísima responsabilidad y rol de dar a luz a los hijos que harán grande, fuerte y rica a la familia, además de ser los herederos del padre y continuadores de su linaje, en las sociedades patrilineales. De manera que en último termino, el rol más importante de la familia, su engrandecimiento y continuidad, queda en mano del sector más débil y subordinado.

Esta forma de conflicto cobra varios matices, según las sociedades sean patri o matrilineales, viri o matrilocales.  Por ejemplo, en el caso de sociedades matrilineales la incompatibilidad o inconsistencia se produce entre la esposa que debe ser productiva, fortaleciendo con su trabajo al grupo del marido, y el hecho de que ella es a su vez continuadora del linaje de su propia familia de origen, no la del marido (Gluckman, 1977:224-25).  En otro caso, los Ndembu, que poseen familias matricéntricas, matrilineales, pero virilocales, el conflicto es entre madres e hijas.  Entre los Ndembu, la madre es el centro de la sociedad y portadora, en primer término, del linaje familiar, pero la hija será su continuadora en el linaje y además, se puede ir a la aldea del marido, lejos de su control.  En esta sociedad el comportamiento de reversa es en rituales que celebran la llegada de la pubertad de las jóvenes y durante el rito las mujeres no solo se comportan como hombres sino que los atacan si los sorprenden cerca. (Turner, 28-7 y 61-2).

Dice Gluckman que, “hay evidencia para sugerir que el conflicto básico en inherente en la posición de las mujeres en todas las sociedades tribales, matrilineales y patrilineales (...) a lo mejor, el conflicto básico está en el hecho que las mujeres crían niños que serán herederos competidores por el poder social, cuya posición y propiedad es fundamentalmente de los hombres (1977:225).  Lo cierto es que en todos los casos un rito expresado en reversa a la realidad parece servir de válvula de escape a algo, como lo que sucede, por ejemplo, en el caso de los Suazi, que consiste en expresiones de rebelión en que el Rey de los Suazi aceptaba y permitía, durante todo un día del año, no solo que sus súbitos y miembros de la administración lo rechazaran, sino que también lo insulten públicamente, todo dentro del ambiente ritual y ceremonial.

En todos estos casos de ritos en que se contravienen normas y costumbres cotidianas, o ritos de rebelión institucionalizados, el conflicto que surge de los valores más básicos de la sociedad, es expresado pública y ritualmente como dramas de conflicto y conducidos en una atmósfera religiosa, como una suerte de catarsis que desvanece la amenaza de desunidad impuesta por los conflictos (Norbeck, 1967:198), la que es una línea de razonamiento usual en los argumentos funcionalistas en cuanto al rol del conflicto, si bien, como lo destaca el mismo Norbeck, Gluckman fue mucho más lejos y profundo en esta misma línea, aunque dejó en claro que los ritos institucionalizados de conflictos pueden existir solo en sociedades en las que el orden social está establecido y sin que nada lo amenace.

Fuente: lapaginadelprofe.cl



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