|
Muerte y Duelo |
Pocas personas llegan a aceptar la muerte como un proceso natural y normal en la vida y aquellas que lo consiguen, probablemente tengan una vida más feliz. Unas horas antes de iniciar este escrito vi la película "Más allá de los sueños"; en ella, la protagonista refiere la muerte como algo que no puede ser malo porque por algo todos vamos a parar al mismo sitio. Es así de sencillo pero la incertidumbre del cuándo y el cómo por no decir el temor al qué pasará después, hace que la mayoría de los humanos incorpore un sentimiento de miedo al referirse a ella. El miedo a la muerte inhibe nuestra vida porque muchos actos no los realizamos pensando en el peligro que comportan. Nos volvemos débiles, catastróficos porque no entendemos con qué medida se toma la gran decisión de despojarnos de nuestra vida, creyendo a menudo que no es justo. Nos pasamos media vida invocando el perdón de un Dios o resolviendo antiguas culpas para así disponer de la concesión de más tiempo. Pero, ¿tiempo para qué? Para que nuestro cuerpo agotado siga viviendo esta realidad. Nuestro principal problema es que todavía no hemos asimilado la idea de que tan sólo es nuestro caparazón el que muere, es decir, el cuerpo o forma que adquirimos al presentarnos a los demás mortales. Nosotros somos una mente consciente habitando un cuerpo y por ello hemos de entender que aunque el cuerpo se extinga con el proceso de la muerte, la mente que lo habitaba sigue su camino en la eternidad del Universo. El Bhagavad Gita (maestro espiritual santo) habla de la vida con estas palabras: La ansiedad que sentimos a lo largo de nuestra existencia física en torno a esa experiencia, tiene que ver con la falsa creencia de que somos eso que vemos reflejado en un espejo y, "eso" se lastima, se hiere, se arruga y desaparece vitalmente. Cada humano tendrá una filosofía de la vida distinta, con sus creencias y sus religiones y con ello no pienso mostrarme sabedora de la verdad porque, entre otras cosas, no lo soy, pero sí quiero apuntar a vuestro interior porque su fomento crea seguridad y confianza y consecuentemente, una vida más indolora. Ese sentimiento que nos acosa ante la muerte de un ser querido es lo que llamamos "duelo". Cuando una persona amada muere nos sentimos en un primer momento perdidos, tratados injustamente, por haber sido arrancados bruscamente de su lado. Rechazamos la dolorosa realidad como si de una pesadilla se tratase y al despertar nuestro amado volviera a estar vivo. Ese proceso es nuestro mecanismo de defensa para que el Yo que habitamos no sufra tanto. Pensamos mil formas distintas de negarlo, recorriendo mentalmente el pasado. Pero en este proceso de dolor y duelo llegamos a un reconocimiento de la dolorosa realidad que evoluciona hacia la propia reinserción en la vida que vivimos, manteniendo en nuestra mente su recuerdo pero avanzando en la reconstrucción de nuestra propia existencia. El duelo es un proceso necesario y natural para sanar nuestra mente y se utiliza siempre que perdemos algo o alguien querido. Es necesario que comprendamos y aceptemos nuestros sentimientos con respecto a la muerte, que incorporemos la creencia de que es un proceso natural en una vida y que su significado tiene que ver más con renovación e inicio que con final o castigo. Es un proceso natural que nos conduce a un nuevo despertar, porque hay algo en tu interior que así te lo dice y que llamamos alma, aquella que alberga tu cuerpo físico y que es invisible y adimensional. Este pensamiento proporcionará seguridad y mantendrá alejado el miedo a esa misteriosa experiencia. La actitud que tengamos hacia la muerte depende mucho de nuestro entorno tanto cultural como familiar. Nuestras convicciones las hemos heredado o aprendido de aquello que oímos y es, al madurar y hacernos adultos, cuando a menudo cuestionamos esas creencias tan instaladas en nuestro ser. Se ha estudiado mucho el tema de la muerte en las diferentes civilizaciones que forman parte de nuestro Universo porque el tema supone una incógnita para el ser humano. Muchas han coincidido en hablar de la muerte súbita a causa de la indefensión o desesperanza del ser humano. Seligman fue la persona que más datos escribió sobre el tema, observándolo tanto en humanos como en animales. En el artículo sobre la Depresión también lo menciono; sus estudios impactaron con fuerza en la mente de una pobre adolescente. Parece ser que cuando los humanos o los animales se dan cuenta de que sus acciones pierden eficacia, de que ya no existe esperanza, se vuelven más susceptibles al proceso denominado Muerte. Perdemos el control sobre los acontecimientos y ello nos conduce a perecer. Para cerrar esta reflexión me gustaría citar un caso de indefensión en animales, concretamente en un cachorro de macaco, estudiado por el Dr. I. Charles Kaufman que puede encontrarse literalmente en el libro referenciado de Seligman (pág.243-244): "La primera muerte se produjo en uno de los cachorros que antes había nacido, con una edad de cinco meses y siete días. Murió al noveno día de ser separado de su madre. La autopsia no reveló ninguna patología que pudiera explicar su muerte. El cachorro manifestó un cuadro de agitación primero y depresión después, una brusca disminución en su juego y un aislamiento de los demás animales, acabando por morir repentinamente." Gloria Marsellach Umbert - Psicóloga
L |
▼ Participar en el Foro
Página [1]
Rosa Fuentes F. » rfuentes0110
hotmail.com14:48 Horas, 25/9/2007
Gracias por las palabras que leí en este artículo, me han ayudado un poco a entender lo que me está pasando, mi marido falleció hace un mes y me siento en la más absoluta oscuridad.¿Existe la posibilidad que me indiquen dónde puedo contactar grupos de apoyo para personas con duelo reciente? siento que es la única forma de poder continuar viviendo después de mi dolorosa pérdida. Les agradeceré cualquier información al respecto.