Consejos básicos para ser un buen padre/madre de un deportista de competición
Padres y madres
Psicología del Deporte
Anónimo Sábado 25 de Agosto del año 2007 / 19:54

PSICOLOCIA DEL DEPORTE


Consejos para padres y madres de deportistas

Respuestas ante las preguntas de muchos padres/madres:



¿Cómo debo comportarme ante la competición de mi hijo/a?



La contestación es aparentemente sencilla. Un padre/madre debe ser eso, padre o madre antes, durante y al finalizar las competiciones. ¿Qué es lo que quiero decir con esto?

Han de mostrarse motivados y seguros e intentar transmitir estas sensaciones a su hijo/a, dando a las competiciones la importancia que tienen, que a estas edades suele ser más bien poca. Deben hacer hincapié en el comportamiento, en la educación y en la disciplina que son los valores realmente importantes y los que deben trasmitir e insistir a su hijo/a.


Consejos básicos para ser un buen padre/madre de un deportista de competición
  • ser padre o madre, ya que su hijo/a ya tiene entrenador-a.
  • ser siempre positivo: Escuchar, apoyar y motivar a vuestros hijos e hijas antes y después de las competiciones.
  • No juzgar ni evaluar la calidad del entrenamiento, de la técnica o de los resultados delante de los hijos/as.
  • Evitar los regalos por resultados, ya que son totalmente contraproducentes. Ir a cenar fuera, o hacer algo especial después de cada competición, haya salido bien o mal, es una buena idea.
  • Juzgar y controlar el comportamiento y disciplina de sus hijos/as. Estos si son asuntos que les conciernen en su papel de padres.


  • Hay muchos entrenadores/as que opinan que el mejor padre/madre es aquel que nunca va a los entrenamientos. Personalmente no veo ningún problema en que el padre o madre disfrute viendo entrenar o competir a su hijo/a siempre que tenga el auto-control suficiente para reservar sus opiniones sobre los temas técnicos o de nivel ante su hijo/a.

    Nunca debe hablar de natación después del entrenamiento en el camino a casa. Si a su hijo/a le apetece hablar escúchele, pero no le evalúe ni le juzgue. No le diga lo que ha hecho mal durante el entrenamiento ni en lo que debería mejorar. Nunca tampoco de información sobre resultados que su entrenador no le ha dado.



     

    Ejercer el papel de padre/madre-entrenador produce varios riesgos:



  • 1º Que el niño o niña tenga dos entrenadores y ningún padre: El nadador/a necesita alguien que le escuche y le apoye le hayan salido bien o mal las competiciones. El niño/a con un padre-entrenador, sentirá (por mucho que el padre intente disimular) que su padre quiere mas, que no esta conforme con el resultado. Esta demanda continua provocará una insatisfacción en el nadador/a que ira generando miedo a la competición. ¡!Es solo cuestión de tiempo!!.


  • 2º Dilema entre los consejos del padre-entrenador y el entrenador. No de consejos técnicos a su hijo/a tenga o no conocimiento sobre la técnica, ya que, existen muchas formas de aprender y un proceso de aprendizaje que dependerá de las capacidades y habilidades evolutivas de cada niño/a y esto lo sabe el entrenador. La nadadora o nadador deberá decidir si seguir los consejos del padre y dejar de confiar en el entrenador (muy mala cosa) o al contrario seguir los del entrenador y dejar de confiar en el padre-entrenador (un desastre). ¡!!Menudo dilema!!!!.


  • 3º Una sobrepresión produce un nivel de exigencia en el entrenamiento muy alto pero nivel técnico bajo. Los hijos/hijas de padre/madre-entrenador suelen ser niños/as con un nivel de exigencia en el entrenamiento muy alto y con un esfuerzo máximo, sin embargo con un nivel técnico bajo. Esto es debido a la falta de concentración provocada en el niño/a al saber que esta siendo observado, vigilado y evaluado constantemente por la persona a la que más quiere, y además por su entrenador o entrenadora. Esto genera un estrés que día tras día va creciendo y cuando el nadador/a gana independencia respecto a los padres (11-12 años) descubre que nunca ha nadado porque disfrutara sino por hacer disfrutar a sus padres.


  • Cuando los profesionales nos encontramos ante una niño/a con padre ejerciendo el papel de entrenador bajamos mucho el nivel de exigencia de ese nadador/a y pasamos a trabajar su confianza ya que, si sumamos la presión del entrenador con la del padre-entrenador se producirá una acumulación de estrés que conllevará a que el nadador/a pierda el interés por su entrenamiento (no preste atención al entrenador, juegue o se distraiga durante el entrenamiento, etc) y/o abandone su formación en la escuela de natación.

    El padre-entrenador también percibe este cambio y ante la inseguridad de su hijo/a y los malos resultados aumenta su vigilancia y evaluación creyendo que hemos bajado la intensidad del entrenamiento de la niña/o por algún extraño motivo. Es fácil imaginar donde puede llevar esta situación. El padre-entrenador siempre tiene la sensación de que a su hijo/a no se le tiene en cuenta o que se le trata diferente que a los demás. Algunos niños cuando son demasiado presionados responden con excusas de todo tipo a la hora de entrenar o con un mal comportamiento.

    Miedo a la fustracion del pequeño: Algunos padres/madres tienen un continuo temor a que su hijo/a sufra una frustración y utilizan continuamente expresiones como: “da igual, no es importante”, etc cuando para el niño/a si lo es. El padre ha de saber que si el niño/a practica y quiere participar en las competiciones, es debido a que es algo importante para el y debe saber animarlo. Muchos de estos niños/as pueden sufrir el mismo estrés deportivo que los hijos de padres-entrenadores, al fin de demostrar que son buenos. En estos casos como en el anterior el niño no nada para su propio disfrute si no para demostrar algo a su padres, por lo cual no aprenderá a disfrutar de los continuos retos, estímulos y frustraciones en algunos casos que provoca el deporte de competición.

    Epilogo: El padre o madre de un deportista ha de ser igual en todos los sentidos al padre o madre de un niño no deportista. La competición provoca sensaciones y sentimientos que son muy distintos en cada niño-a, por supuesto muy diferentes a los provocan en un adulto. Nunca intente trasmitir lo que usted siente a su hijo-a. Solo tiene que saber escuchar lo que su hijo/a siente e intentar rebajar sus miedos o temores. Debe ser el joven deportista el que aprenda, con los años y acompañado en todo momento de sus padres, a controlar sus temores y superar sus frustraciones.

     

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